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#NiUnaMenos, la Argentina exige eliminar los femicidios

La gota que derramó el vaso fue el femicidio de Chiara Paéz. La joven tenía 14 años y estaba embarazada. Su pareja, de 16, la asesinó y luego la enterró en el patio de su casa, bajo el conocimiento de su familia. El crimen se dio a conocer el lunes 11 de mayo.

Un grupo de periodistas mujeres comenzó a discutir el tema en Twitter, entre ellas: Soledad Vallejos, Florencia Etcheves, Ingrid Beck y la escritora Claudia Piñeiro. Pronto encontraron una consigna: #NiUnaMenos. Decidieron dejar la virtualidad un rato y convocar a una marcha, que se realizará el próximo 3 de junio, a las 17, en la Plaza del Congreso de la Nación (Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Las provincias se fueron sumando a la convocatoria y cada una tendrá su punto de partida para la movilización.

Cómo se generó la convocatoria quedó muy claro en un storify que armó Beck, una profesional involucrada con la problemática y una de las que más impulsó el hashtag #DeLaFotoALaFirma. A través de éste, se solicita a los políticos que firmen un compromiso escrito de cinco puntos, entre los que figuran la reglamentación de la ley 26.485 (de protección hacia las mujeres) y la elaboración de un registro de estadísticas sobre femicidios.

El hashtag #NiUnaMenos tuvo amplia repercusión en Twitter: 116.234 tuits a partir de ese lunes. Muchos personajes mediáticos y artistas, como Liniers y Erlich, dieron su apoyo a la iniciativa. No faltaron las opiniones en contra, como la del polémico Alex Freyre, que denostó la marcha por considerarla un acto meramente político ( operado por la oposición).

Los números del femicidio en Argentina

La trascendencia de los femicidios en los últimos tiempos hizo que los datos quedaran grabados en la memoria de todos. En Argentina, en 2013, hubo un femicidio cada 30 horas: 294 mujeres asesinadas. Más de 400 chicos quedaron sin madre. En el 38% de estos casos, los asesinos eran parejas de las víctimas y la mayor parte de ellas tenía solamente entre 19 y 30 años. En los últimos siete años, contando desde la sanción de la ley 26.485, hubo 1.808 femicidios.

En 2014 hubo 277 víctimas fatales y 39 habían hecho una denuncia previa contra su agresor, es decir: una de cada seis. Esto cuestiona duramente el rol del Estado: ¿por qué las víctimas no fueron escuchadas?; ¿por qué, si ya existe una ley, no se la respeta?

Casos paradigmáticos como el de María Soledad Morales o Paulina Lebbos, hasta los más recientes que conmovieron a la sociedad, como el de Melina Romero o Daiana Ayelén García, hacen pensar que el abominable hecho de que un hombre sea capaz de cometer un femicidio, es posible.

La mecánica de esta clase de delitos reposan en el lado más oscuro de la cultura machista. El asesino cree que la mujer es un objeto de su propiedad y, que si ella no le pertenece, o ella es un obstáculo para cumplir sus deseos,  entonces debe eliminarla.

¿Qué pasa en Latinoamérica?

Según un informe del Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, respaldado por las Naciones Unidas, se observa violencia contra las mujeres en toda la región. El machismo se refleja en el gran porcentaje de mujeres que no tienen ingresos propios y en el mínimo porcentaje de mujeres que acceden a cargos políticos de importancia.

Sin embargo, los números que más preocupan son otros. Entre un 20% y un 50% de la población femenina fue maltratada alguna vez por su pareja. Entre el 10% y el 57% de las mujeres sigue recibiendo violencia de sus exparejas aún estando separadas o divorciadas. Y en todos los países encuestados, las principales víctimas de la violencia son niñas de menos de 15 años (el segundo grupo de riesgo son las jóvenes de 15 a 19 años). Finalmente, entre el 40% y el 60% de los casos, los agresores son parejas o exparejas de las víctimas.

¿Qué hacen los estados para enfrentar esta trágica situación? En Bolivia, por ejemplo, se sancionó una nueva ley en 2013 donde se crea la figura penal del femicidio. En Guatemala (2008) y Nicaragua (2012) también tienen normas integrales al respecto. En Brasil, Dilma Rousseff firmó los primeros días de mayo una nueva legislación que tipifica el femicidio e implica penas más duras para los victimarios.

Las movilizaciones populares y las campañas por redes sociales sirven para ejercer presión en la agenda pública, así como para generar conciencia contra el machismo y sus consecuencias más nefastas. También aportan lo suyo campañas originales contra la violencia de género. La meta es que, finalmente, la sociedad y el Estado se unan para evitar que más mujeres mueran por el sólo hecho de ser mujeres. #NiUnaMenos.

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