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#RenunciaYa: la primavera guatemalteca se alza contra Otto Pérez Molina

Los medios del mundo coinciden en que el escándalo político que vive Guatemala es el más grande que soporta el país desde el retorno a la democracia en 1985. Como consecuencia de un informe realizado por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), el presidente Otto Pérez Molina fue acusado de varios crímenes (entre ellos, tráfico de influencias y malversación de fondos) y la vicepresidenta Roxana Baldetti quedó implicada en un caso de corrupción aduanera.

La clase media fue la vocera del descontento general y, luego de una convocatoria que se realizó vía Twitter con el hashtag #RenunciaYa, el 25 de abril la respuesta fue masiva, generando la presión social suficiente para para que el 8 de mayo, Baldetti (primera mujer vicepresidenta en Guatemala)  resigne a su cargo.

Los guatemaltecos siguieron reuniéndose en espacios públicos los días sábados, organizados gracias a las redes sociales. Dos semanas después, el 16 de mayo, hubo otra convocatoria multitudinaria: más de 30.000 personas coparon la Plaza Central de la capital guatemalteca (entre ellos, universitarios, campesinos, gremialistas y empresarios). El pedido fue la renuncia presidencial y todavía no se ha cumplido ese cometido.

Lo que sí consiguieron fue que Pérez Molina destituya a tres de sus 13 ministros: Mauricio López Bonilla, ministro de Gobernación y su mano derecha; Edwin Rodas, ministro de Energía (quien sólo llevaba una semana en el cargo); y Michelle Martínez, ministra de Medio Ambiente.

Elemental: las redes sociales

La primera movilización surgió desde una publicación en Facebook que luego se replicó en  Twitter. El hashtag elegido fue #RenunciaYa. La respuesta fue inmediata: más de 10.000 tuits lo incluyeron en los primeros días. Y, en el último mes, fue mencionado 56.519 veces.

Guatemala cuya población sobrepasa los 15 millones de habitantes, se encuentra a la cola de penetración de internet de América Latina con el 19,7%, no obstante el nivel de uso de Facebook  en el país centroamericano es considerable. Según datos de noviembre de 2014, Guatemala cuenta con 3,8 millones de usuarios.

#RenunciaYa fue idea del Grupo de los Siete, compuesto por personas de entre 20 y 50 años que no revelaron su identidad. Desde este colectivo diseñaron carteles aclarando los objetivos de la movilización, se encargaron de difundir que se trataba de movilizaciones pacíficas y, también, antepusieron un amparo para garantizar el derecho a la protesta.

Por su parte, Pérez Molina casi no hizo referencia a la crisis política desde sus perfiles en redes sociales (Otto Pérez Molina en Facebook y @ottoperezmolina en Twitter). La excepción fueron un video en el que repudia la corrupción y se compromete a combatirla; y un comunicado de prensa en el que comenta su respeto ante la renuncia de Baldetti.

Repercusiones

Los medios internacionales han abordado la noticia como un escándalo de corrupción que “ensombrece” la política de Guatemala (Roxana Baldetti’s Resignation as Vice President Shadows Guatemala Politics, Guatemala on brink of crisis after vice-president falls to corruption scandal). Sin embargo, también ha cobrado relevancia el rol de las redes sociales en las manifestaciones y cómo éstas se han podido desarrollar pacíficamente (Guatemala se rebela en Twitter, How a peaceful protest changed a violent country).

Las marchas continúan sucediendo, como reflejo del malestar de la clase media en Guatemala, que sufre de trabajo precarizado (63,3% de los asalariados está en negro) y pocas perspectivas de progreso económico, además de la vinculación del país con el tráfico de drogas (el 60% de las sustancias vendidas en Estados Unidos pasa por allí).

Trascendió el 22 de mayo que el presidente había pedido la renuncia a todo su gabinete. Pero él mismo declaró públicamente que no va a dimitir. El mandato de Pérez Molina culmina el 14 de enero de 2016. ¿Será capaz de tolerar la presión social? ¿Qué le espera a Guatemala en los próximos siete meses?

Una sociedad fragmentada

Según un estudio publicado por el Banco Mundial, Guatemala registra la mayor cantidad de pobres crónicos durante la última década. Ser pobre crónico quiere decir que la persona no ha podido salir o mejorar su nivel socio-económico y se encuentra estancado en una realidad apremiante.

En promedio, la pobreza crónica  representa el 21 por ciento de la población de América Latina. Las tasas más altas de población carenciada la posee Nicaragua, con un 37%, y Guatemala, con un 50%, siendo la más alta de la región.

La fractura socio-económica de Guatemala va de la mano con el racismo.  Durante estas manifestaciones multitudinarias realizadas por la llamada “clase media”, las marchas indígenas están completamente separadas de las protagonizadas por los mestizos. Campesinos indígenas y habitantes de clase media de la urbe no se mezclan. No se explica que figuras como Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz 1992, no sea una voz tomada en cuenta.

Como ha dicho Carlos Guzmán Böckler, uno de los intelectuales más destacados del país: a pesar de la indignación y las protestas de la “primavera guatemalteca”, se puede prever que el racismo sigue siendo la ideología dominante del país centroamericano.

 

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