Elecciones Presidenciales 2025: un camino con giro a la derecha en Latinoamérica

En 2025, América Latina vivió un año intenso de elecciones presidenciales marcado por polarización política, fragmentación partidaria y alternancia de poder, con comicios clave en Ecuador, Bolivia, Honduras y Chile que reflejaron el giro hacia la derecha y ultra-derecha en la región y en tres de esos casos, también el descontento con el oficialismo, tanto en las urnas como en la conversación digital, donde las redes sociales amplificaron la confrontación y la circulación de desinformación.

Ecuador celebró su primera vuelta en febrero y la segunda en abril. Bolivia tuvo su primera vuelta en agosto y su balotaje en octubre con la victoria de Rodrigo Paz. Honduras realizó una sola vuelta en noviembre con un resultado abierto durante días pero con un cambio de signo político asumido. Y finalmente, Chile celebró primera vuelta en noviembre y segunda en diciembre, escenario en el que la derecha consolidó su avance mientras las redes funcionaron como termómetro y arena de disputa simbólica, canalizando apoyos, campañas de odio y estrategias de comunicación política orientadas a segmentar audiencias y movilizar electores. Las elecciones de este año continuaron la consolidación de las plataformas digitales que dejaron hace tiempo de ser un espacio complementario a ser un eje central de las campañas. Las redes no solo reflejaron el clima electoral, sino que moldearon percepciones, aceleraron crisis de legitimidad y condicionaron las estrategias de campaña, consolidándose como un factor decisivo en la dinámica política de la región.

Menciones en redes sociales a los candidatos durante 2025

El gráfico muestra las menciones a los candidatos geolocalizadas en su país. Lo primero que se ve es la fuerte presencia de los presidenciables ecuatorianos y chilenos en el ecosistema digital. La concentración de atención digital en figuras que dominaron la agenda pública, no siempre en proporción directa con sus resultados electorales, pero sí con su capacidad de movilizar discusiones, emociones y confrontaciones en redes. Esto refuerza la idea de que, en 2025, la política latinoamericana estuvo profundamente mediada por las dinámicas digitales

Ecuador: Con la mirada en Bukele

Con 17M de menciones en redes durante el proceso electoral desde enero hasta abril, el debate político en Ecuador en 2025 estuvo marcado por una fuerte polarización, altos niveles de desconfianza hacia las élites políticas y una agenda dominada por la inseguridad y la crisis económica.

Ecuador aparece como el caso atípico en el que el oficialismo consiguió retener el poder, mientras que en los otros tres países se dio un cambio de signo político. Mientras que correísmo logró consolidar un techo histórico de apoyo en la primera vuelta, Daniel Noboa consolidó su reelección con 55,63 %, frente al 44,37 % de Luisa González. La gestión y narrativa de seguridad ciudadana del presidente Noboa, inspirada en modelos de mano dura similares al de Nayib Bukele en El Salvador, penetró simbólicamente en la campaña presidencial y fue un eje clave de su posicionamiento electoral, mientras la gestión estatal y la desigualdad estructural condicionaron la percepción ciudadana del proceso y la gobernabilidad.

Bolivia: El fin de una era

Durante este año, Bolivia experimentó un punto de inflexión histórico en su vida democrática al poner fin a dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS), un ciclo político iniciado en 2005 bajo Evo Morales y continuado por Luis Arce.

De modo totalmente sorpresivo, en primera vuelta el 17 de agosto, el senador Rodrigo Paz Pereira, candidato del Partido Demócrata Cristiano (PDC), emergió como favorito con aproximadamente 32 % de los votos, superando las proyecciones de las encuestas y relegando a figuras tradicionales como Jorge “Tuto” Quiroga (26,7 %) y otros contendientes, mientras la representación del MAS se desplomó dramáticamente tanto en la fórmula presidencial como en el Parlamento. Mas adelante Paz consolidaría su victoria en la segunda vuelta (el primer balotaje en la historia del país andino) con un 54% de adhesiones.

El triunfo de Paz fue interpretado como una respuesta ciudadana al desgaste del modelo socialista tradicional, acentuado por crisis económicas, división interna en el MAS y un electorado proclive a una agenda menos ideologizada y orientada a soluciones pragmáticas.

Honduras: El conteo más largo

Las elecciones generales de Honduras de 2025 se celebraron el 30 de noviembre para elegir presidente, renovar al Congreso Nacional,  los representantes al Parlamento Centroamericano y autoridades municipales para el período 2026-2030. Honduras tiene un sistema de mayorías simples en primera vuelta, por lo que las nuevas autoridades son electas el mismo día.

El proceso electoral no arrojó un resultado inmediato, y Honduras entró en una prolongada fase de escrutinio y recuento especial ante un margen extremadamente estrecho entre los principales contendientes: Nasry Asfura y Salvador Nasralla, que finalmente se cerró el 24 de diciembre con la declaración de Nasry Asfura como próximo presidente del país. La extensión del escrutinio, junto con la orden de recuento manual de las actas por parte del CNE (autoridad electoral) generó un clima de incertidumbre, protestas y acusaciones de irregularidades.

El clima se vio enrarecido además con presiones externas, particularmente de Estados Unidos, donde el entonces expresidente Donald Trump respaldó públicamente a Asfura y condicionó la cooperación futura. La falta de un presidente electo inmediato y las disputas sobre el recuento auguran retos significativos para la gobernabilidad, la legitimidad del sistema electoral y la cohesión política en el próximo periodo gubernamental

Chile: Giro a la ultraderecha

Chile vivió un punto de inflexión con las elecciones presidenciales desarrolladas en dos vueltas: la primera el 16 de noviembre, donde Jeannette Jara (coalición de izquierda) y José Antonio Kast (Partido Republicano, extrema derecha) resultaron primeros, y la segunda el 14 de diciembre, en la que Kast obtuvo una victoria contundente con cerca del 58 % de los votos frente al 41 % de Jara.

Este resultado representa un giro considerable con el ascenso de una figura ultraconservadora que capitalizó el descontento ciudadano con temas como la seguridad pública, la delincuencia y la inmigración irregular —problemas que se consolidaron como ejes dominantes de la campaña electoral.

Si bien este cambio giro no supone una sorpresa absoluta, sino el resultado acumulado de tensiones sociales no resueltas durante el mandato anterior, en particular la frustración por la reforma constitucional y las percepciones de inseguridad, que empujaron a una parte significativa del electorado a favor de una agenda más dura y conservadora. La elección de Kast representa una respuesta conservadora a la gran fragmentación ideológica del país, donde la derecha tradicional y los movimientos más extremistas convergieron en una alternativa bajo la promesa orden y mano dura.

En síntesis

Las elecciones presidenciales de 2025 en América Latina confirmaron la consolidación de un nuevo ciclo político regional, atravesado por el desgaste de los oficialismos, la fragmentación de los sistemas partidarios y un corrimiento del electorado hacia opciones de centro-derecha y derecha dura.

Más allá de los resultados nacionales, el denominador común fue el rol de la comunicación digital como espacio estructural de la competencia política: las redes no solo reflejaron el clima electoral, sino que ordenaron la agenda pública, amplificaron la polarización y condicionaron las estrategias de campaña. La concentración de menciones en pocos liderazgos – influida también por la penetración de las plataformas por país – muestra que la visibilidad digital no necesariamente guarda una relación lineal con los resultados electorales, sino con la capacidad de generar agenda, identificación y rechazo. En este marco, la inseguridad se consolidó como el eje narrativo más transversal, habilitando discursos de mano dura y soluciones autoritarias como respuesta política viable.

En suma, la política latinoamericana ingresó en una etapa donde la legitimidad, la gobernabilidad y el liderazgo se juegan tanto en las urnas como en la arena digital, en un contexto de alta emocionalidad, problemas de confianza institucional y creciente influencia de actores externos. Las redes sociales dejaron de ser un canal auxiliar para convertirse en un actor político en sí mismo, capaz de moldear percepciones, erosionar consensos y redefinir el sentido del voto en escenarios cada vez más volátiles.


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