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Mentiras pequeñas, mentiras grandes y encuestas

Según la Real Academia, una encuesta, es un conjunto de preguntas tipificadas dirigidas a una muestra representativa, para averiguar estados de opinión o diversas cuestiones de hecho.

El problema es que  estos datos a veces desenfocados y casi siempre elevados a la categoría de verdades absolutas por los medios, pueden terminar disparando una cadena de errores.

Paralelamente existe una gran posibilidad de que las encuestas hechas durante una campaña electoral, influyan en la intención de voto de los ciudadanos, en la decisión de los candidatos, y así construir en base a los resultados, una gran parte, sino toda, de la publicación de los medios durante la campaña política de un país, creando así una realidad virtual. Cuando publican conclusiones no tan acertada, el ambiente político se ve influido directamente y provocan casos como los de Uruguay, Brasil o Escocia.

El opositor José Serra y la oficialista Dilma Rousseff se encontraban cerca de la segunda vuelta para suceder al presidente Lula da Silva en los comicios del 31 de octubre de 2010. Según los sondeos, los mismos que unánimemente se equivocaron en la primera ronda, se reducía la diferencia de la favorita, Rousseff, y su contendiente, Serra.

En la primera vuelta, los principales institutos de opinión pública de Brasil fueron unánimes en una cosa: equivocarse en predecir que no iba a haber segundo turno por la victoria de la ex ministra Rousseff, sino que la aspirante del Partido de los Trabajadores ganaría con seguridad. Finalmente Dilma obtuvo su victoria, la cual continuó este año.

En el caso de Uruguay, las consultoras Interconsult, Cifra y Equipos Mori acertaron en determinar la necesidad de un balotaje para definir al presidente. Sin embargo, se equivocaron en pronosticar la ausencia de mayorías parlamentarias y le dieron darle al Frente Amplio el 41 % de los sufragios, casi 7 puntos menos que lo que obtuvo realmente.

Los más acertados fueron Factum y Opción Consultores, pero todas se equivocaron cuando decían que no habría mayorías parlamentarias y que iba a ser una disputa muy pareja.

En el referéndum sobre la independencia de Escocia, las encuestas sobre la independencia predecían un considerable aumento al apoyo a la independencia. Una de ellas publicada por The Sunday Times revelaba que el sí era superior al no. Luego de que el voto unionista había  ganado desde todos los puntos, el voto separatista lo superó por dos puntos (51% a 49%). La eventual victoria del sí hubiese significado un cambio impactante. Pero finalmente, el no se impuso con el 55,3 % de los votos, frente al 44,7 % de los partidarios por la secesión, con una participación del 84,6 %.

La última verdad son los resultados de la votación. Pero las encuestadoras siguen siendo fundamentales en el funcionamiento de un sistema electoral. Sus datos siguen teniendo un rol muy importante para los votantes que dejan de votar, por ejemplo, por su opción preferida para evitar que gane otro.

Hipotéticamente, si siempre están equivocadas, significa que el ambiente generado y el resultado final se basa en números equivocados y siempre dará un resultado diferente al que podría haber sido.

Los institutos de opinión pública deberán repasar su metodología, para reformular el formato con los que evalúan. Y a su vez, deberemos considerar que no son infalibles ni certeras.

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